Cuando conocí a Henry, el lagarto, él estaba fuera de su hábitat; débil, con pena. Me agaché a observarlo y en un tris subió por mi ropa hasta llegar a mi cabeza. Así, con él en los controles, caminamos hasta el cerro. Una vez arriba, se lanzó al vacío gritando "el transporte público es un asco!".
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